El concepto de cultura libre actualmente asociado a la introducción de las nuevas tecnologías de la era informática, es en realidad un concepto que siempre ha estado ligado a las ideas y proyectos de carácter emancipador que han surgido a lo largo de la historia, especialmente desde mediados del S.XVIII. El deseo de socializar la cultura y hacerla accesible al conjunto de la población como de una de las formas a través de las cuales el ser humano puede alcanzar un mayor y pleno desarrollo personal y colectivo, no es por tanto algo novedoso aunque si lo sean algunas de las herramientas que en estos momentos disponemos para alcanzar tan loable objetivo.

Los ilustrados del S.XVIII, el anarquismo, el marxismo, la contra-cultura de los años 60 todos ellos - al margen de la consideración global que sus teorías y desarrollo practico de las mismas nos puedan parecer a la luz de la realidad y los acontecimientos históricos del siglo XX - realizaron una aportación innegable y objetiva en la tarea de la socialización de la cultura.

La creación y extensión de la educación publica, el surgimiento de una red de bibliotecas publicas y de museos , no hubiese sido posible sin el trabajo de todas aquellas personas y colectivos que trabajaron duro para que la cultura no fuese ser un bien concentrado en unas pocas manos, concretamente en las elites económicas y políticas.

Si la cultura hoy puede estar más cerca de la ciudadanía y de muchos pueblos - pese al gran retroceso cultural de los últimos 20 años ligado a la extensión de la televisión basura y la salvaje mercantilización de los espacios de ocio y culturales- no ha sido fruto de la casualidad sino como consecuencia de unos procesos históricos y sociales anteriormente citados. Por ejemplo: una joven sin recursos de un barrio obrero puede acceder a internet o a DVD de cine clásico desde la biblioteca pública de su barrio y esto es debido a las luchas por la universalización de la cultura donde las redes de biblioteca han sido un feliz resultado que así y todo puede retroceder si socialmente no presionamos a la administración para la mejora y extensión de estos recursos. De hecho está en el alero la aplicacíon paneuropea de un canon en las bibliotecas, la mayoría de los libros y discos llevan un copyright, códigos de tipo DRM... de modo que sigue habiendo enormes barreras para el libre flujo de los contenidos culturales. Las industrias culturales y del entretenimiento y los gobiernos que sucumben a los lobbies de las mismas tratan de ponerl puertas al campo del procomún y del derecho a compartir algo tan vital como los bienes culturales.

El valor del movimiento por el software libre radica principalmente en que ha reeditado este debate secular del PROCOMUN, EL DERECHO A LA CULTURA LIBRE Y EL PENSAMIENTO CRÍTICO. La comunidad de promotores y usuarios de Software libre y Cultura Libre ha sido capaz de generar herramientas prácticas jurídicas y tecnológicas válidas para la emancipación y desarrollo cultural. Estas herramientas tienen una garantía de difusión “vírica”, de contagio sin límites para evitar las carreteras cortadas en el flujo cultural, los silencios de una industria que decide editar pocos ejemplares o discontinuar proyectos culturales de alto nivel pero muy poco rentables. Sirva otro ejemplo didáctico: un tipógrafo con convicciones sociales de principios de siglo como Ramón Bengaray (lider de Izquierda Republicana por Navarra y asesinado en 1936) podía generar una tirada de unos cientos de ejemplares de una revista que a su vez se difundía por tren, auto, bici, etc... incidiendo en unos pocos miles de lectores potenciales. El ciberactivista de hoy día investiga, crea y socializa no solo los los contenidos sino también las herramientas y la cultura de libertad. Se generan ”metaherramientas” pues a partir de un código liberado para resolver una tarea más o menos limitada y compartido on-line otro colectivo o suma de individuos puede generar aplicaciones avanzadas, traducciones a muchos idiomas, etc... Esa libertad de uso está protegida por la filosofía del Software Libre que es la base para el movimiento por la Cultura Libre.

Históricamente podemos situar el nuevo movimiento por la Cultura Libre como una comunidad de “trabajo solidario y socorros mutuos” que da soporte y soluciones técnicas importantes, prácticas, “aptas para humanos” y que contribuye decisivamente para la difusión de la Cultura Libre en un momento en el que las élites económicas y políticas tratan de reducir paulatinamente pero sin pausa los espacios culturales que se vieron obligadas a ceder como consecuencia de las luchas sociales acontecidas durante los últimos 150 años.